Hoy corrí en casa

 

4 de Marzo 2018. Media maratón de Cartagena. Un día muy especial  y significativo en la vida de la Grusky.

Son fechas muy especiales porque representan importantes giros en mi vida.

Hace tres años a estas alturas del año conseguí trabajo en España y 3 semanas más tarde llegué a Cartagena con la maleta llena de incertidumbres y miedos, dejando la vida londinense atrás, casi de la noche a la mañana. A todo eso, hablando poco español y todavía menos murciano. Pasé la primera prueba de fuego.

Hace dos años, asistí por primera vez en una carrera de fondo como público. Vine a animar un compañero y su familia en la Media maratón de Cartagena. Ese día me marcó. Me marcó y me encendió la luz y me convenció de que se puede. Que se puede mucho más de lo que estamos acostumbrados y que todo depende de nosotros. Que, aunque el sufrimiento ennoblece y enseña mucho, la vida no es para sufrir por sufrir. Y que tener la valentía de saltar a tiempo a pesar del miedo, nos puede salvar la vida. Y salté.

Ese mismo mes cambié de puesto de trabajo y giré mi vida personal al revés. Me quedé en un país extranjero, en teoría más sola pero curiosamente, en realidad, más acompañada que nunca.

Un año más tarde, me presenté a la misma prueba deportiva que el año anterior pero ésta vez con el dorsal puesto, con muchas emociones y muy bonitas, guiadas por un pensamiento muy fuerte. Ese de que siempre sale bien.
Hoy. 4 de marzo 2018. Mi cuarta media maratón. La primera sin mirar a los talones de mi compañero  de este viaje deportivo, mi primo, mi “padre adoptivo” (según los gustos), mi gran amigo, Vicente. El objetivo de bajar de dos horas conseguido. Es más, quedé séptima en mi categoría 🙂 .
Pero hay algo mucho más importante que eso. Hoy por primera vez corrí en casa.
Hoy me he cruzado con muchos amigos y conocidos, más o menos cercanos, y todos ellos me llamaban por mi nombre. ¿Ese nombre raro polaco que al principio nadie se acuerda de ello? Ese mismo. Hoy también comí con mi familia. La familia de esas de verdad. Hay momentos que no tienen precio en la vida. Hoy es uno de ellos. Porque hoy corrí en casa. Y porque hoy comí con mi familia.

 

la Grusky

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